Lo que hemos aprendido de cocina durante la pandemia

El año 2020 nos cambió la vida a todos, de eso no cabe ninguna duda. Lo que antes conocíamos como normal se vio totalmente modificado y nos vimos obligados a reinventarnos, a aceptar situaciones nuevas y retos que no habíamos planificado.

El año 2020 nos cambió la vida a todos, de eso no cabe ninguna duda. Lo que antes conocíamos como normal se vio totalmente modificado y nos vimos obligados a reinventarnos, a aceptar situaciones nuevas y retos que no habíamos planificado.

La vida diaria cambió, y por lo tanto, nuestras costumbres y hábitos han evolucionado, para dar paso a nuevas formas de aprender, trabajar, relajarnos, entretenernos y, lo más importante: alimentarnos. Si antes eras de los que no cocinaba “ni un huevo frito”, puede que durante la pandemia y el confinamiento obligatorio te hayas encontrado con un nuevo reto: cocinar para ti y/o para otros y descubrir nuevos sabores y talentos.

Asimismo, si eras de los que amaba cocinar pero en el confinamiento te sentiste agotado, puede que hayas descubierto nuevos restaurantes y negocios de comida cercanos a ti, que llevaban hasta tu casa sus platos y propuestas. Seas cual seas, la pandemia seguro te ha ayudado a descubrir una nueva forma de alimentarte y preparar tus alimentos. Entre ellas:

Comer más sano

La preocupante situación mundial que afecta la salud de millones de personas, nos ha hecho reflexionar sobre lo que consumimos, su origen y sus efectos sobre nuestro cuerpo y nuestro bienestar. Muchas personas han empezado a consumir frutas y vegetales en varias formas para fortalecer su sistema inmune, otros han descubierto nuevas formas de preparar platos saludables con ingredientes locales, jugos y batidos. Comer sanamente se ha convertido en prioridad.

Huertas en casa

Muchas personas descubrieron nuevos espacios en sus propios hogares. Jardines que no habían aprovechado y que eran suelo fértil para sembrar frutas, hortalizas o hierbas y utilizarlas en su consumo diario. Esta es una forma sostenible de preparar alimentos, además de significar un ahorro considerable en los gastos. Tener una huerta en casa tiene infinitos beneficios, pero sin duda, lo más importante es la frescura que cada producto trae a la mesa. Al contar con un cultivo propio, comes el producto más fresco posible, sin contaminación y sin el deterioro que sufren en los anaqueles por tantos días.

Compostaje

Esta práctica ha venido ganando popularidad. Sin embargo, durante el confinamiento ha ganado más terreno por sus inmensos beneficios. De acuerdo con compostadores.com, el compostaje es un proceso de transformación de la materia orgánica para obtener abono natural. Esta transformación se lleva a cabo en cualquier casa mediante un compostador, sin ningún tipo de mecanismo, ningún motor ni ningún gasto de mantenimiento.

¿Sabías que la basura diaria que se genera en los hogares contiene un 40% de materia orgánica, que puede ser reciclada y retornada a la tierra en forma de humus para las plantas y cultivo? De cada 100 kg de basura orgánica se obtienen 30 kg de compost. De esta manera se contribuye a la reducción de las basuras que se llevan a los vertederos o a las plantas de valorización. Al mismo tiempo se consigue reducir el consumo de abonos químicos. Por otro lado, cabe también destacar que con el compostaje doméstico se emiten 5 veces menos gases de efecto invernadero que el compostaje industrial para tratar la misma cantidad de restos de cocina y jardín. Con el mayor consumo de frutas y vegetales, el compostaje casero se ha visto beneficiado, y con él, el planeta entero.

Comer en familia

El escenario mundial es lamentable, eso es seguro. Sin embargo, ante tanta incertidumbre y pérdida, queremos iluminar lo pros de esta situación. Uno de ellos ha sido la oportunidad de volver a comer en familia, sentados a la mesa. Al estar confinados, se abrieron nuevas rutinas y formas de relacionarnos en familia o pareja. Si antes debías almorzar apurado y solo en el carro o en la oficina, ahora puedes dedicar toda una hora a compartir con tus seres queridos, sin distracciones y comer tranquilamente. De igual forma, se presenta la oportunidad de cocinar juntos, de hacer compras y crear recetas para probar y variar el menú. Este cambio, aunque pequeño, puede traer grandes beneficios en la digestión de los alimentos y, por supuesto, en las relaciones interpersonales que establecemos con nuestros familiares.

Vivamos solos o acompañados, la pandemia nos ha enseñado que el cambio es la única constante y que nuestras rutinas pueden verse afectadas por eventos externos. Hemos tenido que descubrir el valor de la resiliencia y la flexibilidad. Hemos sido capaces de ver cambios necesarios en nuestras costumbres alimenticias, en la forma en la que compramos, cocinamos y consumimos los alimentos. De igual forma, la situación nos ha permitido encontrar formas de ayudar y colaborar con los productos y comerciantes locales, cercanos a casa, que necesitan de nuestro consumo para subsistir y seguir llevando frescura a cada casa. Comer, cocinar y compartir sentados a la mesa sigue siendo un placer, que evoluciona y cambia con lo que sucede en el mundo.